Las personas suelen prepararse con anticipación para las fiestas, para los exámenes o para cualquier otro evento que requiera de afinar detalles y trazar planes. Sin embargo, muy pocas se dan a la tarea de asegurarse una buena noche de sueño y hacer de éste una de sus prioridades diarias. Cuando no nos procuramos un tiempo adecuado de
sueño que oscile entre las siete y nueve horas, no es solamente a la somnolencia y el mal humor durante el día a lo que nos arriesgamos. Por extraño que parezca, se acuerdo a la National Sleep Foundation, más del 35% de los adultos tienen una rutina diaria de sueño menor a 7 horas. Algunas de las posibles consecuencias de dormir muy poco o de un mal dormir implican problemas en el sistema cardiovascular, endocrino, inmune y nervioso, por ello podemos asegurar que una gran parte de la población padece de problemas crónicos de sueño, como insomnio o apnea del sueño, que a su vez afectan el funcionamiento y rendimiento diario del cuerpo.
Recientes investigaciones sobre el sueño ha arrojado los siguientes resultados:
-Mientras menos, más. De acuerdo a un reporte del Institute of Medicine publicado en el 2006, entre las personas que duermen menos de siete horas por noche, mientras menor fue la cantidad de sueño conseguido mayor fue su tendencia a padecer obesidad. Esto puede relacionarse con otro descubrimiento que afirma la que falta de sueño parece descontrolar las hormonas del hambre. La leptina, que es la encargada de suprimir el apetito, disminuye mientras que la grelina, que es la encargada de estimular el apetito, se dispara.
-La tendencia a elegir incorrectamente los alimentos. Un estudio publicado en el 2008 por el Journal of Clininal Sleep Medicine encontró que las personas con apnea obstructiva del sueño o con algún otro trastorno grave de respiración durante el sueño eran aquellos que tenían una dieta alta en colesterol, proteínas, grasas saturadas y otro tipo de grasas, siendo las mujeres las que se veían mayormente afectadas.
– La diabetes va de la mano con los problemas del sueño. Un estudio del 2005 publicado por la revistas Archives of Internal Medicine descubrió que las personas que lograban solo cinco o menos horas de sueño por noche tenían un 2,5% más de probabilidad de ser diabéticos, mientras que los que dormían entre seis o más tan solo presentaron un 1,7% de probabilidad.
– Los riesgos para el corazón. Otro estudio del 2003 demostró que los ataques al corazón fueron 45% más probables en mujeres que dormían 5 horas o menos por noche en comparación a aquellos que durmieron más. Un estudio realizado en el 2008 por la Journal of the American Medical Association encontró que la falta de sueño promueve la acumulación de calcio en las arterias del corazón lo que ocasiona que las placas puedan causar ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares.
– Aumento de la presión sanguínea. La apnea obstructiva del sueño ha sido asociada con una presión arterial elevadadurante el día, así como otra enfermedad mucho más grave, la hipertensión arterial de acuerdo a un informe de la OIM en el 2006. La obesidad juega un papel importante en ambos trastornos por lo que la pérdida de peso puede ayudar a disminuir los riesgos asociados.
– Los accidentes automovilísticos también aumentan. Como se afirma en un informe del 2007 hecho por la New England Journal of Medicine, casi el 20% de las accidentes automovilísticos graves implican que el conductor tenía sueño y que consumía alcohol con regularidad, pero la somnolencia afecta incluso hasta al conductor más experimentado. En una encuesta realizada en el 2012 por la National Sleep Foundation realizada en Estados Unidos se descubrió que el 20% de los pilotos de líneas aéreas admiten que han cometidos errores graves debido a la falta de sueño, 18% de los operadores de trenes y 14% de los conductores de camiones.
– El equilibrio disminuye. De acuerdo al Journal of Gerontology, las personas mayores que tienen mayores dificultades para dormir y que despiertan varias veces durante la noche o que se sienten somnolientos durante el día son entre 2 y 4,5% más propenso a perder el equilibrio y sufrir caídas.
– Blanco fácil de la depresión. Los adultos que padecen de problemas de sueño tienden a ser más propensos a padecer estrés, depresión y al consumir de alcohol. Los adolescentes también sufren en índices bastante similares, así como baja auto estima.
– El aprendizaje también se ve afectado. El sueño tiene la capacidad de promover el aprendizaje, esto según la revista Women’s Health Watch. Ayuda al cerebro a enviar nueva información a la memoria. Algunas investigaciones han demostrado que las personas que duermen después de estudiar una lección tienden a tener un mejor desempeño en pruebas posteriores. En el 2011, la universidad de Londres descubrieron aquellas personas que duermen menos de 6 horas tienden a acelerar el envejecimiento del cerebro de 4 a 7 años, por lo que aumenta la velocidad del deterioro cognitivo, empeora las habilidades de habla y razonamiento.
Pero entonces ¿Qué se puede hacer en estos casos? Para lograr dormir como un bebé lo primero que se debe hacer es elegir cuidadosamente tu higiene del sueño; esto implicará desarrollar un horario de sueño regular, utilizar tu cama solo para dormir, desconectar todos los electrodomésticos en la habitación y olvidarse de la cafeína antes de ir a la cama. Las medidas de higiene del sueño recogen una serie de recomendaciones que las personas con problemas de insomnio pueden adoptar para que les ayuden a minimizar la incidencia de su problema y favorecer un sueño normal. Se trata de adquirir mejores hábitos que convienen al estilo de vida general (por ejemplo, la actividad física) o de cambiar aquellos que se sabe que interfieren con el sueño, como puede ser el uso de fármacos o sustancias que lo empeoran.
De acuerdo a estudios realizados por la Universidad de Scranton, alrededor de un 45% de los americanos que hacen propósitos de año nuevo y sólo un 8% de estos logran realizarlos exitosamente. Esto me hace pensar que la gente termina abrumándose con sus metas o bien no pensaron con detenimiento la clase de metas que habían establecido para sí mismos.
El prejuicio puede entenderse como un juicio previo que se hace antes de conocer a la persona que se juzga; Suele ser una actitud injusta, intolerante o desfavorable hacia un grupo de personas. Los prejuicios son las ideas preconcebidas que tenemos de otras personas sin apenas conocerlas, a ellas o a su situación. Es nuestra forma de encasillarlas debido a la educación recibida, a nuestras experiencias pasadas o a lo que hemos oído. Los seres humanos tendemos a prejuzgar; todos en algún momento somos generadores o repetidores de algún prejuicio.