De la misma manera en que nuestras acciones u omisiones pueden causarle rápidamente a alguien algún inconveniente o incluso llegar a angustiarle, la mayoría de nosotros solemos ofrecer una disculpa rápida y sincera. Tanto porque la otra persona se lo merece como porque pedir perdón alivia la culpa que sentimos. Pero también es cierto que existen personas a las que les resulta difícil disculparse y suelen utilizar excusas y negación para eludir su responsabilidad. ¿Por qué?
Porque para las personas que no acostumbran a pedir perdón, pedir una simple disculpa conlleva consecuencias psicológicas que suponen mucho más que las simples palabras que están por expresar. Cuando te detienes a pensar en los sentimientos de otra persona, empieza a saberte mal tu comportamiento.
Y, si has hecho algo que sabías que estaba mal, es posible que hasta te avergüences de ello. Incluso aunque lo que ha ocurrido haya sido un accidente o lo hayas hecho sin querer, probablemente te seguirá sabiendo mal haber herido los sentimientos de otra persona.



Mucho peor es en las zonas frías de España como Soria, lugar en el que paso mucho tiempo con mi familia política. Allí la llegada del buen tiempo es todo un acontecimiento ya que pasan muchísimo frío desde octubre y no termina de verdad hasta finales de mayo.