La investigación neuro científica ha demostrado que cuando “ganamos”, cambia el equilibrio químico en el cerebro y estos productos químicos que se liberan sirven para ayudarle a ser más propensos a ganar otra vez. Ganar básicamente te ayuda a ganar nuevamente. Quizás esto lo has escuchado mencionar como el the winner effect o “efecto del ganador”.
Ganar una competencia inserta a un individuo en un circuito de recompensas positivas en el que le es posible navegar la cresta de su propia testosterona hacia una seguidilla de éxitos. Según los estudios, ganar te hace más proclive a ganar de nuevo. Si consigues resolver algo que se te resiste y que requiere cierto esfuerzo, vences, y esto te da más números para salir airoso ante nuevos retos que te plantee el futuro.
Algunos investigadores relacionan este comportamiento más competitivo y agresivo de los vencedores con un aumento en los niveles de testosterona, hormona implicada con este comportamiento, que los humanos también descargamos tras ciertas victorias: en un partido de tenis, al invertir en bolsa, al presentarnos a una oposición…


