Ya que éste es mi primer artículo en este blog, comenzaré con algo que me apasiona hacer: contando un cuento budista. Una de esas lecturas de reflexión que todos deberíamos hacer.
Dicen que un hombre fue a pedirle a un maestro que le acogiera como discípulo. El maestro le invitó a sentarse y le dijo que le explicara sus motivos mientras él le preparaba un té. El hombre comenzó a contarle todo lo que sabía sobre la filosofía, la religión, lo que esperaba, lo que quería…
Mientras, el maestro le sonreía con benevolencia sirviendo ya el té en la taza; poco a poco el té humeante y oloroso llegó al borde y comenzó a derramarse; pero el maestro no parecía percatarse de ello porque continuaba vertiendo el té mientras sonreía con beatitud. El hombre no pudo más y le hizo notar que el té derramado llegaba ya al borde de la mesa.
El maestro dejó de servir y le dijo: tú eres como esta taza. Vienes lleno de conocimientos, si no te vacías de ellos, ¿cómo pretendes que yo te llene con otros nuevos?

O sea, que para estar satisfecho con la propia vida, conviene incluir un poco de deporte en la dieta; ayuda a pensar mejor. Mejor dicho, ayuda a enfocar mejor, desde una perspectiva más optimista y por tanto más adecuada, los avatares del día a día que tenemos que enfrentar y con frecuencia vencer.
