Vencer la procrastinación es una especie de arte que esencialmente requiere el dejar de aferrarnos a ella. Yo era de esas personas que han vivido mucho tiempo aferrándose a la procrastinación, y digo “era” porque al menos durante los últimos años he prescindido de ella. Yo era de esas personas que suele dejar todo para el último minuto porque a fin de cuentas sabía que podía lograrlo. Cuando iba a la escuela solía ponerme a trabajar en mis ensayos un día antes de la fecha límite de entrega, solía hacer mis trámites administrativos apenas una hora antes de que cerrara la oficina y como esos ejemplos tengo muchos más.
Pero entonces, como era de esperarse en alguna ocasión procrastinar tuvo consecuencias fatales y por ende no fui capaz de entregar a tiempo algo que se me había pedido con bastante anticipación. Pero como si eso no fuera suficiente, mi rendimiento poco a poco comenzó a empeorar, al grado de que no llegaba a ser aceptable. Esto no solo tuvo repercusiones en mis notas sino que a nivel personal me sentía bastante decepcionada de mí misma.
No obstante, a pesar de eso no me rendí y comencé a intentar una serie de cosas a fin de deshacerme de la procrastinación sin embargo los programas de establecimiento de metas y semejantes no me llenaban y tan solo parecían dar resultado mientras duraran.
Un estudio de Harvard publicado el año pasado mostró que una siesta de 45 minutos mejora el aprendizaje y la memoria. Dormir la siesta reduce el estrés y disminuye el riesgo de infarto, apoplejía, diabetes y aumento excesivo de peso.

