Uno de los errores más comunes que cometemos cuando pensamos como tomar buenas decisiones es que lo hacemos de manera tan apresura que solemos elegir opciones negativas o bien, llegar a una conclusión de los hechos que podría no ser la mejor. Algo tan simple como «Hoy hace un buen día para salir” puede terminar convertido en algo como “Pero seguramente comenzará a llover en cuanto salga”.
Solemos pensar en los peores escenarios y por ende, tomar decisiones pensando en cosas que son muy improbables. Existen varios motivos por los que solemos caer directamente en estas conclusiones precipitadas, erradas y en ocasiones, hasta basadas en prejuicios, tales como:
Etiquetar, leerle el pensamiento al otro, razonamiento emocional incorrecto, culpar a otros por el incumplimiento de nuestras metas.
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