31 Oct

El zen y la felicidad (I)

El zen es una rama del budismo que significa literalmente “meditación”. Lo que pretende esta filosofía es llegar al conocimiento y la sabiduría pero apartándose de los medios racionales más tradicionales. No es que su misión sea dar la felicidad a quien lo practica, pero sí que es cierto que nos abre un camino distinto para poder conseguirla.

BudaEl budismo zen se asienta sobre cuatro pilares que sirven de conducción estructural a esta ideología. No es que sean principios obligatorios como ocurre con las religiones, son simplemente recomendaciones que ayudarán a alcanzar un equilibrio en nuestras vidas.

Para ser feliz lo principal es aceptarse y ser equilibrado en la vida en cosas tan diversas como la dieta, el ejercicio, el ocio y el divertimento, el trabajo, la familia… Ese equilibrio se alcanza logrando la paz interior y es, precisamente esta, lo que pretende el zen. Además, esa paz reside dentro de cada uno y es el indicador que nos dice qué es lo que está bien y lo que nos hace fluir.

Los cuatro fundamentos

Una de las actitudes más importantes para el zen es la aceptación y el auto conocimiento; también el amor hacia uno mismo y hacia el mundo que nos rodea. Después de su iluminación Buda transmitió las cuatro grandes verdades, que son la base para definir los pilares del budismo zen. Esas verdades hablaban de la superación del sufrimiento para llegar al estado de paz interior.

Los principios que se derivaban de ello son, en primer lugar, la vuelta a la simplicidad y la sencillez (de ahí los jardines de arena blanca y grandes piedras negras). En segundo lugar, el zen llega a lo más alto cuando se ha perdido todo (hay que vaciarse y llegar hasta el fondo del sufrimiento para poder crecer de manera auténtica).

El tercer pilar, habla de lo bueno del vacío, lo que está relacionado con el hecho de perderlo todo. Y el último, es la creencia de que solo existe ese vacío, no hay nada que tenga principio y fin todo es algo continuo.

El vacío

Este vacío de que hablamos se refiere a que hay que darse cuenta de que nada es duradero, todo lo material perece y por eso lo que quedará después de todo será la nada. Lo material no tiene valor porque muere; esto es lo que hace que el zen sea una experiencia natural y, sobre todo espontánea.